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Cordones de mi zapato versión de lira
I
Con los cordones de mi zapato la versión de una lira asoma, busca cielo, busca signos o su historia; basta rasgar y ya estamos en el cielo, en el hemisferio norte donde se duplican las estrellas y constelaciones Hércules y Cisne. Blanquísimas y cegadoras, casi pubis de combustiones y estela; eterna calderación como centro, creación o cielo. Hermana de Beta Lyrae y la cuádruple Epsilon Lyrae, juntas las tres visiones de la belleza en el misterio.
II
Los zapatos con lustrador no se conforman ser vasallos, tampoco reniegan de edad del cuero o betún con que se refleja la versión terrestre de las mujeres, parques y floraciones de laureles.
III
La lira semeja, según el limpiabotas, una mujer con dos columnas que gimen en las cuerdas del cuenco tallado o caparazón de tortuga forrado con piel de tigre o toro.
IV
En los aposentos del relumbre giran lentos los sumerios, el Egipto noble y la popular Grecia en procesión de los deseos con la venia de Apolo o boca de Homero. Pero siempre lo profesional y el pueblo, sus dos liras: kithara del plectro o púa y la lira artesana pulsada por los dedos.
V
La lira de los cordones gime, es de la calle, oída con hermetismo y espíritu bullanguero; lira que mata el hambre, da sueños, atestigua teatros de nuestra vida.
VI
Ahora llega junto al sinuoso sonido del limpiabotas Hermes para narrar su oficio con Apolo y Orfeo, en poesía, como si usara guitarras y acordeones.
VII
El trapeado, el pase del cepillo de mano a mano, el rechinado de la talonera es también del verso. Asoma el rey David con su kinnor, talvez de los asirios.
VIII
El hombre que da lustre a los zapatos no sabe de la beganna, parecida a la kithara, o lira Krar de Etiopía. Y así llegaron con arco hasta Finlandia y Estonia las arquitecturas de las liras.
IX
El sueño, penumbras del mediodía y fragor de sobrevida tañen con liras de la vida como si los bardos celtas aparecieran en multitudes capitalinas.
XII
Con los cordones de mis zapatos toca la canción en la memoria poética de los beduinos para acompañarse con ritmo de pasos y secos caminos. O bajando con racimos de pescados y arena desde la península Arábiga y el Yemen.
XIII
Cinco canciones, cinco notas para los sentidos, lira de cinco cuerdas llamada simsimiyya. El limpiabotas trabaja ufano.
XIV
Los zapatos bajan de la suela de madera, tintinean hacia el bullicio de carros y carretillas con bultos de periódicos; es la misma música del tiempo antiguo, por lo que fue y serán mis oídos.
XV
En el árbol llama del bosque urbano traquea una cotorra que escuchamos con sueño de liras, y pulsa rumores con barrullo de vendeperiódicos. Los cordones y memoria de las liras atizan las voces de la ciudad, y el poema arrima mudo como sabiendo que un limpiabotas habita el parque Central de San José, quien adiestra el oído para convencernos de que la música es para mirarnos vivos.
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